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Archive for 4 noviembre 2009

Alizee-Sonrisa-26-1

La sonrisa es una poderosa herramienta para hacer frente a la adversidad, conectar con los demás y encontrar mejores recursos para vivir.

Si ríes, el mundo sonríe contigo. Y no lo dice la sabiduría popular sino que está demostrado científicamente: los demás reaccionarán de forma más positiva, es posible que entablen una conversación contigo, que te ayuden o te consuelen, que se conviertan en amigos o que acabes estableciendo incluso una relación de pareja. También ante acontecimientos estresantes, reír y sonreír pueden ayudar a “deshacer” emociones negativas, distraer y producir sentimientos de paz o incluso alegría.

En un estudio, se entrevistó a personas que habían perdido a su pareja seis meses antes y se les pidió que rememoraran su matrimonio. Quienes rieron espontáneamente durante la entrevista sobrellevaban mucho mejor su pérdida y experimentaban más placer en la vida, menos enfado y relaciones más positivas con los demás, como si la risa los ayudara a “disociarse” de su aflicción. Otra investigación ha demostrado que la risa puede reducir las hormonas beneficiosas: los hombres que tenían previsto ver uno de sus vídeos de humor preferidos tenían un 27% más de betaendorfinas en la sangre.

Muchos conocen bien El Principito, un libro maravilloso escrito por Antoine de Saint-Exupéry. Es un libro que, sin dejar de ser un cuento para niños, es también un recurso maravilloso para estimular el pensamiento en los adultos.

Saint-Exupéry era un piloto de caza que luchó contra los nazis y murió en acción. Antes de la segunda guerra, luchó contra los fascistas en la guerra civil española. A partir de aquella experiencia escribió un cuento fascinante con el título de La sonrisa. Éste es el relato que quisiera compartir contigo ahora, lo contaré con mis propias palabras tal como la recuerdo.

Cuenta el autor que, capturado por el enemigo, lo confinaron en una celda. Por las miradas desdeñosas y el rudo tratamiento que recibió de sus carceleros, estaba seguro de que al día siguiente lo ejecutarían. Estaba tremendamente inquieto y nervioso. Repasó sus bolsillos en busca de algún cigarrillo que pudiera haber quedado en ellos pese al registro, y encontró uno que, con manos temblorosas, apenas pudo llevárselo a los labios. Pero no tenía fósforos. Por entre los barrotes miró a su carcelero y decidió preguntarle si tenía fuego. El carcelero lo miró, y se acercó a encenderle el cigarrillo. Mientras se acercaba para encender el fósforo, sin intención alguna, sus ojos se cruzaron. En ese momento, sin saber por qué, le sonrió. Quizá fuera por nerviosismo, tal vez porque cuando dos personas están muy cerca una de otra es muy difícil no sonreír. En ese instante fue como si se encendiera una chispa en sus corazones, en sus almas: eran humanos. Aunque el carcelero no quería sonreír, provocó otra sonrisa en sus labios. Le encendió el cigarrillo y se quedó cerca, mirándole directamente a los ojos, sin dejar de sonreír. Le preguntó si tenía hijos. Le contestó que sí, y sacó su cartera y buscó fotos de su familia. El carcelero también sacó las fotos de sus hijos y empezó a hablar de los planes y las esperanzas que ellos le inspiraban. A Exupéry se le llenaron los ojos de lágrimas, le dijo al carcelero que temía no volver a ver nunca a su familia, no poder llegar a verlos crecer. Al carcelero también se le humedecieron los ojos, y de pronto sin decir nada, abrió la puerta y le guió hacia la salida, lo condujo fuera de la ciudad. Estaba libre, aquella sonrisa le había salvado la vida.

Si, la sonrisa…el contacto espontáneo, natural, no afectado entre las personas.

Éste es un episodio que cuento porque me gustaría que pienses en que, debajo de todas las capas defensivas que construimos para protegernos, para proteger nuestra dignidad, nuestros títulos, nuestros grados, nuestro estatus y nuestra necesidad de que nos vean de tal o cual manera…por debajo de todo eso, sigue estando, auténtico y esencial, lo que somos.

Reír y sonreír (hasta la sonrisa poco sincera tipo “no quiero posar para esta foto” o “este chiste no hace mucha gracia”) originan una leve sensación de bienestar positivo. Y este pequeño incentivo arranca, a su vez, una serie de recursos que te ayudarán a arreglártelas en la vida y en las relaciones sociales, con lo cual reducirás la ansiedad y la angustia, y te sentirás más feliz y alegre.

 

Miguel Angel Gil
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